(de Natalia Oroño)
Parte del paisaje del barrio
eran las veredas manchadas
tizas de distintos colores
definían los casilleros
la rayuela nos convocaba
a las 5, todas las tardes
para llegar al cielo
no solo había que saber saltar,
elegir el cascote correcto,
aplicar la fuerza justa,
embocar con precisión,
eran cosas definitorias.
Repito, para llegar al cielo
más que saber saltar
había que aprender a tirar.
