Heptapoemas

(De Oscar Agú)

Las uvas

mecen

al vino

*
El limonero

ofrece perlas amarillas

sin preguntar

*

El pan

es una metáfora

sin escritura

*

El jazmín

responde a la luz

florece

*
Donde la luz pasa

la sombra nace

*
La sombra

hace pie en la luz

*
Gorjeos. Ladridos. Mugidos.

El llano despierta.

Amanece.

*

Mi fragilidad y desnudez

revelan

tu ausencia.

*

Ronroneo de barcaza.

Vientre voraz de arena.

*

En la plaza

el viento

sembró pájaros.

Oscar (Cacho) Agú escribe en Santa Fe

Rompecabezas

(De Diego E. Suárez – lo habitual -ed. De l’aire-2021)

Hemos comido,
hemos bebido,
se ofreció postre.
Hemos levantado la mesa
(nuestros cuerpos se han rozado),
hemos lavado los platos
(nuestros cuerpos se han rozado),
un cigarrillo se enciende
(se abre una ventana)
y se convida ¿té o café?,
se sirve, se rechaza, se agradece,
se continúa conversando
acerca de las películas por ver,
de las vistas, de los libros que nos gustaron,
de los desconocidos, de los prestados,
del viento reparador
que debe estar soplando en la costa,
de lo temprano que hay que levantarse mañana,
de una última cerveza en el quiosco de la esquina
(abierto todavía), de lo tarde que se hizo,
mejor me voy, gracias por todo. Suerte.

La puerta se cierra.
El silencio por la mitad,
la botella por la mitad,
la soledad por la mitad
(nuestros cuerpos se han rozado).

Diego E. Suárez escribe, en Santa Fe, año 2021

Pasajero

(De Jorge Roldán)

Guillermo miró la hora en el celular y puteó una vez más, ya empezaba a repetir los insultos. Salió de la constructora corriendo; uno de sus empleados ya le había sacado el Audi de la cochera para ganar algo de tiempo.
─¿Quiere que lo lleve, señor Bressán? ─preguntó el muchacho al ver a su jefe tan ansioso.
─No, pibe, salvo que seas piloto de fórmula 1, a mi auto lo manejo yo.
Tiró el saco en el asiento del acompañante y aceleró como si realmente hubiera largado una carrera. Mientras trataba de salir del microcentro sin matar a nadie e iba buscando el camino más corto para salir a la autopista, llamó a su piloto y le dijo que tuviera el avión listo para salir urgente. El muchacho le respondió que eso no iba a poder ser hasta que terminara un chequeo de la nave, pero Guillermo no estaba para excusas, le dijo que llegaba y sí o sí salían para Buenos Aires o se le caía el negocio del año. Cortó sin dar lugar a réplica, como siempre. El flaco lo hartaba porque siempre se pasaba de prudente, total para él todo era llevar el avioncito de un aeropuerto a otro y cobrar el sueldo. No se estaba jugando en cada vuelo una cifra millonaria.
Venía bastante bien, ya había tomado la autopista y la cupé Audi volaba. La raya de cocaína que había tomado antes de salir lo había enfocado y por un momento se le cruzó por la cabeza si no llegaría más rápido manejando hasta Buenos Aires. Pero a diez kilómetros del aeropuerto el navegador le avisó de un corte en la autopista y tuvo que pisar el freno hasta el fondo para no tragarse la doble fila de autos que esperaba sin poder avanzar.
Guillermo no esperó ni diez segundos, se bajó del auto y le preguntó al remisero que estaba adelante qué pasaba.
─Ahí la radio dice que volcó un camión con soja y está cruzado allá adelante. Hasta que no lo muevan…
─¡Pero la puta que me reparió! ¡No llego al aeropuerto!
─Y sí, flaco, yo estoy llevando a la señora que tiene un vuelo también. Nos cagamos jodiendo todos, qué va a ser. Paciencia.
Guillermo volvió al auto furioso. Apretó el volante como si lo quisiera arrancar. Tocó la bocina, encendió la radio, la apagó, llamó al piloto queriendo avisarle de la demora y lo terminó puteando. Habló a Buenos Aires para tratar de correr la hora de la reunión, pero era imposible. Los chinos firmaban los papeles a las 14 y a las 15.30 tenían vuelo a Brasil. O estaba en horario, o la operación no se hacía. Guillermo cortó e insultó a los chinos por adelantar su partida y complicarle todo. Se comunicó con un funcionario de Seguridad Vial, pero no había mucho que hacer. El tipo le dijo que una máquina ya estaba trabajando para mover el camión volcado, y que en “media horita” iban a poder seguir. Esa media horita le arruinaba todo, así que también lo puteó y se quedó refunfuñando en el auto, agotados ya los recursos.
Mientras bufaba, miró hacia el remís. El conductor estaba a las carcajadas con la vieja que llevaba. Acompañaba la música de la radio de cumbia que escuchaba dando golpecitos con la palma en la puerta del auto. A pesar de la contrariedad, el tipo estaba de buen humor, hasta parecía feliz. Un gordito que probablemente fuera un insignificante chofer sin el secundario completo, tuviera una hernia de disco por estar tanto sentado, le negrearan parte del sueldo, y el sedentarismo y el alcohol le estuvieran cagando el corazón. Así y todo, parecía dueño de su vida y le causaba envidia verlo de tan buen ánimo. Guillermo pensó que en ese día de mierda, el que tenía una vida miserable era él mientras la del remisero era un disfrute. En ese momento hubiera querido ser el otro, y que los negocios, la financiera, la constructora, los chinos, la hija de puta de su ex mujer y los parásitos de sus hijos se fueran bien a la mierda.
Sintió un dolor punzante en la cabeza y cerró fuerte los ojos. Fueron pocos segundos. Cuando los abrió estaba en el auto de adelante, sobre un asiento rotoso, con los vidrios abiertos porque no andaba el aire acondicionado. Sonaba un tema de Sergio Torres en la radio. Vio a la pasajera por el espejo, que le decía que nunca pensó en divertirse tanto en una situación tan molesta. Guillermo trató de hablar, pero no controlaba nada. Era apenas un pasajero en la mente del remisero, testigo mudo de la vida del otro.
─¿Y qué le vamos a hacer, señora? Si no le ponemos humor a la vida, ¿qué nos queda? ─dijo el remisero, y siguió acompañando la cumbia haciendo percusión con la mano sobre la puerta verde.
Menos de media hora después, la fila de autos avanzó. En el Audi encontraron muerto al empresario Guillermo Bressán. Un ACV, dirían, y nadie estaría sorprendido, teniendo en cuenta lo estresado que vivía.

Jorge Roldán escribe en Santa Fe

arte poética

(de Laura Yasan)

era mi oficio
desplegar unas alas de latón como si fueran pétalos
abiertos en la piel de los amantes
y ella tejía los abrigos
separaba las hebras en la frente
de los corderos lastimados
pude ver el futuro
leche cuajada en la lengua del lobo
música escrita sobre el filo del mundo
era mi habilidad
salvar las criaturas que anidaban en la corteza de los días
negar sus huevos quebradizos
delicados cadáveres de almejas pegados a la ropa
lentejuelas cosidas al brillo de los ojos
bebí de su tazón
granos de sal como piedras preciosas
ella cantaba sobre las manos ásperas
del trabajo mal pago

Voy a cobrar en oro estos días de lata

Herbopolis (fragmento)

(De ‘Voces en el cenotafio. El lenguaje de las piedras’. Lorena Lucía Nittoli. Poemas en alta voz. 2021)

Habrá que construir

ciudades

donde se desborden los ríos

donde el agua

corra

hacia el encuentro

de todos los hombres

en la naturaleza primitiva:

Herbópolis

la ciudad de los sueños

Allí

donde los límites del tiempo

se desvanecen

donde la tierra

no tiene dueño

donde se escucha

una sola canción:

la canción de los vientos.

Lorena Nittoli escribe, en Santa Fe

El tío no se mueve

(De Nicolás Robles Amadio)

«El tío no se mueve”

dijo mi sobrina mi madre se rió y

en ese instante supe que

también había fracasado siendo niño

que nada tiene que ver

cuántos berrinches haga o

cuántas veces me tire al piso y

me importe un carajo si

nunca supe mover mi cuerpo

dejarlo libre llorar las tristezas

ni carcajear las alegrías hoy

con casi cuarenta que son casi

treinta y ocho las imágenes que

me vulneran definen condicionan

condenan las risotadas que

oigo en el silencio de mis angustias y

“El tío no se mueve”

dijo mi sobrina y yo sé que

llevo quieto mucho rato

quizás desde siempre.

Nicolás Robles Amadio escribe, en Santa Fe

#MaterialSensible

La colección de narrativas de Editorial De l’aire: #MaterialSensible, se está conformando con la idea de publicar otras formas de decir, búsquedas que se originan con el deseo de generar otra mirada de un universo quizá ya explorado pero aún abierto. #MaterialSensible busca ‘el duende’.

La colección comenzó con 2 libros, 2 autores: CUMBIA NENA (novela) de Germán Ulrich, y LOS LUGARES COMUNES (relatos) de Felipe Haidar.

Acá encontrarán las reseñas de estos 2 libros por la escritora Susana Ibañez.

Jugar a la escondida o esconderse para luego bailar

(De Gustavo Luján)

a Maria Lujan

¿Qué tiempo son estos?
los regazos quedaron huérfanos

congelados

permanecemos
con la mirada en los paisajes secos

del pecho

Afuera deambula

ciega acecha en la niebla

entrega su aliento sin elegir
huele desacompasada

lame con su veneno los adentros

apoya la frente en el muro

cuenta
(víctimas y minutos)

impaciente sale a la búsqueda

sobrevive quien mejor se esconde

Sumergidos en lo opaco
Buscamos en las ventanas
ramitos de luz
o de buenos sueños
si entran

juntamos las manos

para simular un cuenco

darles amparo

así en mejores días
puedan germinar.

Cuando la tormenta haya pasado

nuestras voces cantarán de nuevo

sobre amores

puertos

margaritas
conquistaremos los territorios del baile

con el desenfado silvestre de los niños

bajo un nuevo cielo saldremos

a besar con labios cristalinos

al príncipe y al mendigo

Los poetas

abolirán la soledad

porque los abrazos

ya no estarán rotos.

Gustavo Luján escribe en San Miguel de Tucumán

El amor es un invento burgués

(De Sofía Storani – «Yo también tuve un novio ingeniero» (automágica – 2018)

Ya borré tus fotos de mi computadora.
Me quedan cosas que no quiero nombrar
no tienen que ver con vos
sino con lo que creí
que nos quedaba pendiente.

¿Te acordás
de lo que soñábamos?
Fundar una escuela
cambiar un país
tener una combi.

Ahora que tenés con qué
supongo que podés soñar
cosas mejores.
Una moto nueva
una novia heterosexual
y buena
vacaciones en el caribe.

Yo aprendí también
formas de doler
que no sabía
que existían.

Bah, no importa.

Sofía Storani escribe en Santa Fe

Augurio

(De Gonzalo Vega. -La ambición lo es todo en verano-Edición Automágica-2020)

El otoño avanza montando el viento

[húmedo del este


poblando las veredas de hojas.


Trepo al techo y panza arriba


interpreto los diferentes tonos grises

[de las nubes.


Una densidad inestable


que amenaza con lluvia


el fin de la distracción.


Los gritos de los vecinos


se superponen hasta que no

[se reconocen.


Camino por las chapas


hacia el borde, la ansiedad balancea

[mis piernas.


Saboreo la calle la humedad


y el silencio


los perros las bolsas de consorcio.


A pesar de la estampa del barrio


creo que voy a quedarme


con las cosas que finalmente


son de importancia
,


una pared blanca que dice:


te arrepiento.

Gonzalo Vega escribe, Santo Tomé, Santa Fe